Fuerza bruta, la felicidad impuesta

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Vivimos en el tiempo de  la obligación de ser y mostrarnos felices.

Palito Ortega cantaba en los 60 la felicidad ja, ja, ja, ja. Los noventa fueron tiempos de tinelización. Hoy, hasta una compañía teatral que supo ser disruptiva como Fuerza Bruta, con su espectáculo Aven muestra ese sentimiento exacerbado postpandemia y potenciado por las redes sociales.

Debemos mostrar que estamos bien y que depende de nosotros únicamente. El futuro llegó pero no como en todo un palo tal cual cantaba el Indio sino como la obligación de ser feliz.

Hay que buscar los orígenes de Fuerza Bruta en la en la Organización Negra que surgió en la postdictadura como un grupo provocador, vanguardista, experimental, incómodo. En Aven cuando los integrantes “bajan del cielo” y se mezclan con la gente tiran papelitos como si fuera una fiesta de quince.

No se trata de negar la calidad y el cuidado de un espectáculo de gran derroche técnico, pero es el concepto al que nos acerca lo que puede ser cuestionable: una felicidad impuesta y ficticia.

De eso se tratan estos tiempos.

Guillermo Cerminaro