Hacen falta oídos nuevos

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Spinetta no solía satisfacer en sus shows  la demanda de sus seguidores. Podía no cantar lo que era esperable, no por capricho, sino por decisión artística. Esto lo han hecho pocos.

Hace unos días, en un show a aire libre, el joven músico santiagueño Santi Muk dijo que tuvo que dejar de componer por un tiempo para no ser arrastrado por el algoritmo.

Hoy la respuesta que se recibe es inmediata a diferencia de lo que ocurría antes. Todo se mide un likes, en escuchas, en seguidores.

Que el público se sienta cómodo escuchando lo conocido no es una novedad.

Heidegger hablaba del  Uno (das Man). Nos sentimos cómodos disolviéndose en la multitud, nos libera de responsabilidad, nos da seguridad. El Uno nos tranquiliza. Parece que todo está bien y si así funciona ¿para qué cambiar?

Claro que eso no pasa solo en la música

¿Cuántas bandas con décadas de existencia pueden instalar en sus shows un tema de su último disco? Se cuentan no con los dedos de una mano, sino con la mitad.

Parece que el oído de la multitud se hubiera quedado instalado en algo que le es reconocible.

El arte no debería regirse por la oferta y la demanda, Volviendo al filósofo alemán, debería estar signado por lo auténtico

El camino es más largo: hacen falta nuevos sonidos y, sobre todo, nuevos oídos.

Guillermo Cerminaro

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