El lector que se va, el escritor que vuelve ¿al mismo lugar?

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Pablo Maurette, ganador del premio Herralde de novela, afirmó recientemente que “uno lee para irse y escribe para volver”.

Es conocida la cita de Borges: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito a mi me enorgullece las que he leído”. De esta manera, pone de relieve, desde su perspectiva, que una de las dos caras de la moneda brilla más que la otra.

Proust decía que “la lectura está en el umbral de la vida espiritual” reafirmando el valor de  ese término del binomio lectura-escritura.

Rodrigo Fresán habla del límite impreciso que existe entre lo vivido, lo soñado y lo inventado.

Resulta inapropiada la pregunta del lector que quiere saber si eso es verdad o si ocurrió, como si quisiera descubrir el truco del mago.

Curiosamente a veces los escritores caen es esa trampa y responden.

Lo importante en la lectura es lo que acontece en ese acto, su impacto transformador.

La pregunta que surge de la frase de Maurette podría ser entonces:

¿Para irse a qué lugar? ¿Para volver a qué otro?

Tal es el poder de la literatura que no sería extraño pensar que el lugar de partida y el de llegada no es el mismo.

MIto Mauro