¿Leer a Proust es recobrar el tiempo?

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En busca del tiempo perdido, la obra monumental de Marcel Proust, escrita en siete libros, contiene más de 1.200.000 palabras, más de 9.600.000 caracteres, lo que serían aproximadamente 35.000 twits.

¿Se puede hoy, en tiempos del celular que nos abduce, dedicarle horas y horas a la lectura de una obra de esas características?

Si se atraviesa e desierto de las primeras cuarenta páginas de Por el camino de Swann, el primero de los libros, se llega a uno de los momentos más memorables de literatura universal: el de La Madeleine y con ella el  advenimiento de la memoria involuntaria que, al reconocer el sabor de la magdalena al mojarla en el té, transporta al narrador a su infancia en Combray.

Adentrarse en la frase proustiana, interminable, llena de meandros, es a la vez la mayor dificultad y la mayor alegría. ¿Quién dijo qué es fácil leer a Proust?

Entonces de nuevo la pregunta ¿Se puede leerlo hoy? La respuesta es si, en tanto estemos dispuestos a entrar en otro ritmo, en un tiempo que se desacelera. Es análogo a  lo que supone una maratón para un atleta que se prepara durante meses y que en un momento piensa en abandonar, en otros experimenta una suspensión de la conciencia  y, al final, reconoce, como decía Gustavo Cerati, que hay recompensa.

En Proust, esa recompensa, se obtiene al llegar a El tiempo recobrado, el último de los libros.

A pocos días de los 103 años de la muerte de Marcel Proust, vale la pena hacer el intento. El celu puede esperar.

Guillermo Cerminaro