Diego era un artista

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Tomar real dimensión de lo que fue Maradona va a llevar mucho tiempo. Puede abordarse su figura desde distintas perspectivas, todas válidas, todas necesarias que conforman una totalidad inasible, compleja, inabordable por su implicancia para los argentinos, pero también para el mundo.

Eduardo Galeano lo definió como pocos hace muchos años: “Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó. Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas”.

Entre todas estas dimensiones que conforman la complejidad,  Marcelo Bielsa resaltó luego de su muerte que “Maradona era una artista”.

Diego hizo más bello al fútbol, hizo un culto de la competencia, pero también de lo sublime. Nadie como él generó tanto con la pelota, sus goles eran más que goles, pero también eran obras de arte, pinturas imperecederas.

Cuenta Horacio Pagani que Maradona le dijo cierta vez: “Ya hice tres caños”. “¿Vos contás los caños pibe?”, le preguntó, y Diego le contestó: “Sí, si hago goles mejor”.

Su arte produjo arte. Escritores que han hablado de él, películas y canciones. La de Rodrigo, la de Manu Chao, la de Los Piojos. Quizá la del ídolo cordobés, defina el sentimiento popular de forma precisa: “Sembró alegrí­a en el pueblo, regó de gloria este suelo”.

Cada uno armará “su Maradona”, lo completará, le dará sentido. Eso producen los mitos y Maradona hace tiempo que lo es. Cada quien lo refundará, pero esta vez para siempre.

 

Guillermo Cerminaro