Mario, la tele y sus circunstancias

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Cuando se anunció la vuelta a la televisión de Mario Pergolini sobrevolaba la pregunta de la necesidad de ese retorno cuando el mismo había anunciado la muerte del lugar al que regresaba.

Pasado un tiempo, tal vez,no se pueda contestar si hacía falta o no, pero sí decir que Otro día perdido aporta algo a la alicaída programación de los canales de aire.

Esa contribución se vincula a los atisbos de creatividad que Mario sigue manteniendo, más allá que se encuentre más reflexivo y con un menor grado de intensidad.

Compensan eso sus dos compañeros. Agustín Aristarán, que fascina desde sus trucos de magia y desde su actitud y carisma y Laila Roth que es certera a la hora de aportar frescura. Mario, entonces, es como esos jugadores que, a sabiendas de que ya no tiene la energía de entonces, se rodean de otros que completan la tarea.

El talón de aquiles está en las entrevistas a los invitados que, en general, vienen a promocionar sus obras y dicen cosas poco interesantes salvo algunas excepciones como Moria Casán, Emanuel Horvilleur o Julio Chávez.

La incorporación de la inteligencia artificial no parece una novedad. El propio Pergolini ya lo venía utilizando en su programa de Vorteríx de manera más efectiva. Sí resulta un acierto el nivel de los invitados vinculados, en general, al mundo tecnológico o a la innovación.

Mario hace un juego continuo sobre la incredulidad acerca de la continuidad del programa. Conocedor de los medios, no podía ignorar que un programa se ramifica en YouTube y en redes y que si bien no son tantos los que lo miran en el momento de la emisión, si son muchos los que lo ven por estos medios.

La comparación con las posibilidades que otorga el streaming son inevitables. Quizá, Hay algo ahí, el programa de Tomás Rebord, como dijera Dillom, es el programa de esta generación. Allí da la sensación de que cualquier cosa puede pasar a diferencia de lo que sucede en Otro día perdido en el que parece estar todo controlado.

Pergolini ya pasó los sesenta y tal vez haya que compararlo con otros de su categoría. Allí sigue ganando cómodamente.

Guillermo Cerminaro