Que Ozzy Osbourne se haya podido despedir de forma consciente de la música pocos días antes de despedirse de la vida, es algo poco frecuente para cualquier artista.
El pasado 5 de Julio en el estadio de Aston Villa, en Birmingham, la ciudad en la que que se formó Black Sabbath, al terminar Paranoid, sentado en su trono, con la poco de vida que ostentaba Ozzy dijo: “Esta fue la última canción. El apoyo de ustedes nos hizo vivir una vida maravillosa. Muchas gracias desde lo más profundo de nuestro corazón”.
Pocos días después, el 22 de Julio “El príncipe de las Tinieblas” murió a los 76 años, luego de vivir con Parkinson los últimos años.
Ozzy fue la voz de Black Sabbath, la banda que integró junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward.
El Ruso Verea, con quien muchos de nuestra generación aprendimos a escuchar metal, dijo en Radio Boing de Rosario que Sabbath “diseñó musicalmente el Heavy Metal”.
Después de ellos vinieron otros, desde Judas Priest a Iron Maiden, pero el edificio se construyó sobre la piedra basal de Sabbath
Diego Mancusi en el diario La Nación escribió que “Ozzy se hizo un nombre al frente de una banda que se adueñó del tanatos, de la pulsión de muerte y destrucción y lo convirtió en sonido”.
Hoy sus colegas lo reconocen en redes y miles de fanáticos lo lloran en las calles.
Nadie mejor – otra vez- que el Ruso Verea para definir un sentimiento: “Nuestra voz, la voz del rock pesado acaba de irse”.
Guillermo Cerminaro