#Entrevista| Ariel Winograd: «Sabemos que dejamos todo en la cancha»

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Ariel Winograd es guionista y director de algunas de las películas argentina que, en los últimos años, han cambiado la forma de contar y pensar el humor en la pantalla grande nacional. Ahora estrena la que sea, tal vez, la película más importante de su carrera, “El Robo del Siglo” -protagonizada por Guillermo Francella y Diego Peretti-, que cuenta la historia del famoso asalto al Banco Río.

¿Cómo te llegó la propuesta de “El robo del siglo”?

Los productores son amigos, han sido co-productores de otras películas. Compraron los derechos para hacerla y en octubre o noviembre de 2018 me convocaron para hacerla.

¿Habías leído el libro de Rodolfo Palacios, “Sin armas ni rencores”?

No lo había leído pero sí tenía conocimiento de la historia, aunque no al detalle. Sí sabía que era un hecho que había tenido mucha “viveza criolla” en su realización, pero no era un fanático. Recordaba que había sido un hecho particular dentro de la historia de los robos en Argentina y que había sido un robo blanco, si se puede decir de alguna manera. En cuanto me convocaron leí el libro y me pareció interesantísimo. No podía creer la cantidad de detalles, la particularidad del planeamiento del robo estilo “Los Simuladores”. La verdad que el libro tenía algo que me resultaba muy atractivo, era un desafío poder llevarlo a la pantalla.

Fernando Araujo, uno de los autores del robo, fue uno de los guionistas de la película, ¿con quién te encontraste al momento del trabajo?

Más allá del hecho delictivo por el que tuvo que pagar su condena, me encontré con un tipo muy inteligente, muy estudioso, con una profundidad ante las artes. Un tipo que pintaba cuadros. Uno de los cuadros que aparece en la película lo hizo él. Tuvo la visión de querer ejecutar un robo no solamente por el hecho monetario sino por una sensación de querer hacer algo imposible. No sé si es la palabra correcta, pero lo que él quería es trascender. Me encontré con una persona que conoce el hecho y trabajó con mucho respeto. Tenerlo como fuente de consulta fue muy interesante para poder contar la historia lo más cercana posible a lo que sucedió. Yo desde mi lugar no reivindico el robo en sí. La película no pinta como algo heroico lo que hicieron. Nosotros tratamos de contar lo que pasó y que cada uno saque sus propias conclusiones, pero no había una idea de idealización del criminal, que otras películas sí lo tienen. Quisimos tratar de contar la historia.

La película tiene grandes actores, cuenta una historia interesante y las expectativas son grandes, ¿eso genera más presión al momento de filmar?

Obviamente que teniendo este elenco y contando con este libro había cierto grado de presión. Es una presión personal, de querer hacer las cosas bien, como siempre. En este caso, lo que noto a diferencia de otras películas que dirigí, es que hay una expectativa más grande. Ese es otro tema más ligado con lo público a nivel espectadores y cantidad de taquilla. Una vez terminada la película querés que la rompa, que no decepcione al público. Lo que nosotros queremos es contar una gran historia. Cuando entrás en la película el proceso no te permite pensar en hacer solamente algo que le guste al público porque, si lo hacés, no estás pensando en contar la historia, que es lo importante. Dicho esto, hay una expectativa enorme que a veces te genera una presión más fuerte. El tiempo de espera hasta que se estrena la película es tremendo. Salió la venta anticipada y me metí a ver cómo estaba la capacidad de las salas y ya había muchas entradas vendidas, nunca me pasó esto. Nosotros sabemos que dejamos todo en la cancha, tuvo mucho trabajo de posproducción. La película tuvo nueve cortes de montaje antes de cerrar el corte final. Tiene una banda sonora muy potente, buenos efectos de reconstrucción. Pusimos todo, pero es el público el que realmente decide si quiere ver la historia o no.

Para una escena tuvieron que filmar en una penitenciaría, ¿cómo fue la experiencia?

La experiencia fue muy interesante. Obviamente que filmar en una penitenciaría no es nada agradable para uno por el hecho de que estás en una locación que sabés que es particular. Teníamos que filmar una escena que era emocionalmente bastante comprometida, dura, ligada a la trama del personaje de Guillermo Francella con su hija. Era mucha emoción junta. Para mi es una de las escenas más lindas de la película. En definitiva no dejamos de contar historias de personas, de eso se tratan las películas. Filmamos esa escena y salió increíble, pero filmar ahí fue duro. Pero no por una cuestión de seguridad, sino porque se ven otras realidades. Esa energía nos sirvió para contar esa escena que teníamos que recrear.

 

Artículo publicado originalmente en la revista La Brújula Barrial