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#SpoileandoElLolla| El Jarín de Ordoñez: improvisación, dos baterías y un ser mítico

El Jardín de Ordoñez es, desde el vamos, una banda inusual: tienen dos baterías, dedican la mitad de sus shows a la improvisación y está edificada sobre la mitología de un ser que, claro, se llama Ordoñez. Por eso,  y por mucho más, es una gran oferta para el Lollapalooza 2018.

¿Cómo arrancó el proyecto?

El Jardín de Ordóñez es una banda de jazz, o jazz-rock más bien, que tiene la particularidad de tener dos baterías. Empezamos tocando en cuarteto en 2014 alternativamente con Tomás Sainz o Pablo González en batería, y para una fecha surgió la idea de probar tocar con dos baterías. Después de esa fecha fue clarísimo que el grupo era así, con doble batería, lo que nos dio la oportunidad de investigar mucho, en los ensayos y en vivo.

Sus composiciones tienen que ver con un personaje llamado Ordoñez, ¿cómo surgió eso? ¿quién es él?

Te paso un textito que escribí una vez que estaba tratando de entender quién era Ordóñez: La historia de Ordóñez se desarrolla en el presente. En un presente que rememora al pasado. En un presente que está teñido completamente por el pasado. La pared de un patio en la que la lluvia y la humedad han ido deslizándose entre la pintura y el revoque. Y han dejado al descubierto un alma abandonada al placer de la remembranza. Ordóñez vive en la misma casa donde vivió y recuerda todo lo que pasó. Aunque lo que pasó no fue tanto, fue más bien poco. Ordóñez es mi abuelo, mi tío, mi papá, yo. Es la estación de Hurlingham, esperando. Es un Ami 8, una ilusión de juventud olvidada y esperando ser reparada, reavivavada, aunque ya no se sabe bien para qué. Muchos vivimos de recordar e imaginarnos que volverán sensaciones que ya vivimos, o, mejor dicho, situaciones que nos gustaría haber vivido. El presente continuo no es para Ordóñez. Él es un ser del recuerdo. Le cantamos a él como quien canta a las sirenas, a los tifones, a una libélula en el centro del mar, al amor que nunca tuvimos y se fue. Y le cantamos a él a como a nuestro padre, nuestro padre viejo y rodeado, amotinado en sus recuerdos. No queremos ser él, pero él es nosotros. Así que Ordóñez sale, de una vez, y así creemos poder atisbar entre sus dudas, sus amores y sus asombros.

¿Cómo definirían sus shows en vivo?

Los shows en vivo consisiten en una mitad en la que tocamos la música del disco, y otra mitad donde improvisamos. La música del disco, a diferencia del personaje y la pequeña narración que la insipran, es bastante intensa, rítmica y energética. De alguna manera, la música sería la contracara, o lado salvaje de este personaje, que no se ve en el texto. Las improvisaciones naturalmente son distintas cada vez que tocamos, pero este carácter groovero y potente está siempre presente.

¿Qué van a aportarle al festival? ¿Qué creen que los distingue?

Este es un grupo que además de ser una formación inusual, es instrumental e incluye mucha improvisación. Creo que el resto de los grupos del festival no aportan estas particularidades. La singularidad de la formación con doble batería es que generalmente, en un grupo con una sola batería, el baterista está obligado a tener la función de sostén rítmico y formal. Por ejemplo, si el baterista para de tocar inesperadamente, la música se desmorona. Pero al haber dos baterías la función tradicional del instrumento muta radicalmente, ya que cada uno de los bateristas tiene mucha más libertad y de esa manera se pueden investigar muchas posibilidades tímbricas y de orquestación. Esto le da mucha frescura y fuerza a la música.

¿Cuáles son sus planes para 2018?

Estamos terminando de editar nuevo material, que saldrá durante el año acompañado de video. Vamos a seguir tocando en tanto en Buenos Aires como en el interior del país.