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#Review| The end of the F***ing World: la mirada de quienes no encajan.

The end of the F***ing World es la nueva serie original de Netflix, y viene a deleitarnos retomando un clásico género hollywoodense: la road movie (o película de carretera), pero esta vez, adaptado al formato serie.

De esa manera conocemos a James (Alex Lawther, a quién recordamos de Black Mirror), un adolescente de 17 años que se define a sí mismo como un psicópata, quién recuerda con emoción todas las veces que mató animales, y la vez que, de pequeño, metió la mano en el aceite para poder sentir algo. James no encaja demasiado en la escuela. Alyssa (Jessica Barden) es la chica nueva, sensible, inteligente y profunda, quién se pasa casi todo el tiempo enojada, y con justas razones, ya que entre otras cosas, su padrastro es abusivo con ella y su madre lo niega; Alyssa simplemente ve el mundo con otros ojos, y tampoco logra encajar en la escuela. Trata de hacerse amiga James, ya que percibe que él es diferente a los demás y él le sigue el juego mientras, secretamente, decide que va a matarla.

Deciden robar un auto y salir de ese pueblo, y es aquí cuando comienza el viaje que harán juntos, el cual definitivamente los cambiará para siempre a ambos.

Esta historia, que por momentos no sabemos si es una comedia o una tragedia, o probablemente las dos cosas, con chispazos de un humor negro muy agudo, nos hará viajar junto a estos chicos, que empiezan a descubrirse a sí mismos a través de todo lo que les va sucediendo en el camino.

Muchas películas e historias de adolescentes que andaban en auto, vagabundeando por la ciudad, “rebeldes sin causa”, omitían explicar las razones por las que aquellos personajes estaban enojados o desilusionados, o no les resultaba fácil encajar. The End of the Fucking World los retrata con más profundidad, realmente mirándolos a ambos, y es particularmente interesante la forma, las mil formas, en que muestra como el patriarcado afecta la vida de Alyssa una y otra vez. Desde su padrastro abusivo y su madre descuidada y negadora, hasta su propio compañero de viaje quién desea matarla; también conoce un muchacho en el camino mayor de edad, que se define a sí mismo como pedófilo e intenta tener relaciones con ella, hasta llegar a un momento bastante duro de la trama, donde se encuentra con un asesino y violador serial que intentará matarla.

Mientras tanto conoceremos más en profundidad la vida de James, su dura infancia, y como poco a poco, va comenzando a sentir cosas y a encariñarse con Alyssa. De modo que, a cada momento, James se va resignificando y luchando contra sí mismo y definiendo quién quiere ser.

Robarán autos y estaciones de servicio, empezarán a ser seguidos por la policía y cambiaran su aspecto físico, retomando así algunos de los momentos más épicos de las películas de carretera, como la clásica Thelma y Louise, y harán cosas que no se pensaban capaces de hacer, y sentirán cosas que no esperaban sentir.

Un historia sobre la soledad, sobre la adolescencia, sobre la amistad y sobre el coraje, que nos deja con ganas de llorar y reír al mismo tiempo.

Son ocho capítulos, de veinte minutos cada uno, llenos de energía e impulso. La trama no decae ni por un segundo, los personajes están en continuo movimiento externo e interno, y no hay otra opción que ir con ellos. Te lleva la trama, te lleva la música, te lleva la ruta. Te lleva cada comentario honesto y profundo de Alyssa, es imposible no ir con ella.

En un mundo que parece estar quieto y repetir siempre las mismas pautas, en un mundo insensible y egoísta, estos dos personajes, con sus errores y aciertos, se atreven a cambiar, a equivocarse, a amar, a tener fe. Se atreven a vivir.

Más que recomendable, podría ser una de las series del año, esta historia trágica y dulce, acompañada por una banda sonora única, con líneas de guión sensibles y profundas, oscura y divertida al mismo tiempo, es probable que llegue al corazón de aquellos espectadores que estén abiertos a viajar con James y Alyssa.

Angie Menéndez